Espíritu Olímpico
5 05 2008
“Lo importante en los Juegos Olímpicos no es ganar sino participar.”
El barón de Coubertin imaginó los Juegos Olímpicos como un acontecimiento de hermanamiento, solidaridad y amistad entre todos los países del mundo, a través del deporte. Este ideal de confraternidad es lo que se conoce comúnmente con el nombre de “espíritu olímpico” y es la razón que convierte esta cita deportiva en un evento de extraordinaria relevancia en todo el mundo.
El conjunto de personas, organizaciones y países que participan en los Juegos, con el objetivo de concretar el espíritu del hermanamiento universal a través del deporte, recibe el nombre de “movimiento olímpico”. Todos los miembros del movimiento olímpico aceptan una serie de normas redactadas en la Carta Olímpica. También los deportistas deben mostrar su conformidad con los ideales del espíritu olímpico mediante un juramento simbólico, que fue introducido en los Juegos de Amberes de 1920. Desde entonces, uno de los atletas, en representación de todos sus compañeros pronuncia la frase: “En nombre de todos los competidores, prometo que participaremos en estos Juegos Olímpicos respetando y cumpliendo sus reglamentos con auténtico espíritu deportivo, para mayor gloria del deporte y honor de nuestros equipos”.
Pese al ideal de Coubertin de extender el espíritu olímpico por todo el planeta, la tensión política internacional no lo ha permitido en algunas ocasiones. En 1980, Estados Unidos y algunos países del bloque occidental decidieron ausentarse de los Juegos de Moscú, en protesta por la invasión de Afganistán por parte de las tropas soviéticas. Cuatro años después, fueron la URSS y las naciones del Este de Europa las que optaron por boicotear los Juegos organizados por Estados Unidos en la ciudad de Los Ángeles. Otros países, como Cuba y Sudáfrica, tampoco participaron en las citas olímpicas durante mucho tiempo por razones de índole político.
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